Muy poca gente sabe que en Japón existió la automomificación, conocida como Sokushinbutsu (即身仏), es decir, momias budistas.
Una costumbre que muestra una cara oculta y muy desconocida de Japón que el viajero habitual no espera descubrir.
Aunque resulta repulsiva para muchos occidentales, tras de ella se esconde una fe muy profunda en el más allá y en la trascendencia del alma.
Lo esencial
Qué son los sokushinbutsu: restos automomificados de monjes budistas venerados como Budas en su propio cuerpo.
Dónde se encuentran: principalmente en la prefectura de Yamagata y otras zonas del norte de Japón, especialmente vinculadas a las montañas sagradas de Dewa.
Qué relación tienen con el Shugendō: están asociados a tradiciones de ascetismo y disciplina espiritual desarrolladas en las montañas y relacionadas con el budismo esotérico japonés.
Cómo se momificaban: los relatos tradicionales describen largos periodos de austeridad, pero no todos los detalles del proceso están demostrados y la conservación de los cuerpos sigue siendo objeto de investigación.
Se conocen como sokushinbutsu (即身仏), una expresión que puede traducirse como «Buda en este mismo cuerpo».
Estos restos no se consideran simples momias. Para sus comunidades religiosas son figuras sagradas, veneradas por la fe, la disciplina espiritual y el sacrificio que representan.
Allí, entre bosques, templos y antiguas rutas de peregrinación, pervive la memoria de unos monjes cuya historia mezcla ascetismo, devoción, tradición oral e investigación científica.
Pero ¿cómo surgió esta práctica? ¿Qué sabemos realmente sobre la preparación de los cuerpos y qué parte pertenece a la leyenda?
Para entender los sokushinbutsu, hay que conocer primero el mundo espiritual del que procedían.
Escucha el podcast en el que hablamos de esta extraña y desconocida costumbre budista de Japón:
Hace mucho tiempo, buscando información sobre la desconocida y oculta prefectura de Yamagata, me topé por casualidad con algo que me puso los pelos de punta y despertó todo mi interés.
Por ese motivo continué investigando y leyendo más sobre ello, con la intención de visitar algunos de los lugares relacionados en nuestro siguiente viaje a Japón.
Lo que descubrí fue la extraña y espeluznante tradición de la auto-momificación o Sokushinbutsu.
Una costumbre practicada por algunos monjes budistas pertenecientes a la antigua tradición mística espiritual del Shugendō.
Todo lo que voy a narrar es un relato de la experiencia que vivimos en esta zona de Japón fruto de muchos días de investigación para conocer este oculto y desconocido rito.
El shugendō
El Shugendō (修験道) es una antigua práctica surgida en el Japón anterior a la época feudal y procedente de la tradición místico-espiritual.
Literalmente puede traducirse como “el camino de la disciplina y la prueba”.
El Shugendō integra creencias y filosofías del sintoísmo y del animismo así como elementos del taoísmo y el budismo esotérico japonés (Shingon) junto con prácticas de culto a las montañas.
Foto: tohokudiary.blog.jp
Vida ascética
La práctica busca el desarrollo espiritual mediante el ascetismo y la experiencia de las montañas.
Por ello, las metas del Shugendō son el desarrollo de la experiencia, el poder espiritual personal y la paz.
Para ello es necesaria la experiencia natural a través de la vida ascética (en las montañas).
Ello permite llegar al entendimiento profundo de la relación entre el ser humano y la naturaleza o «despertar» tras la meditación.
Los practicantes del Shugendō creen que ese «despertar» se consigue comprendiendo la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Los yamabushi
Para ello, los yamabushi (山伏, «adoradores de la montaña«), que es como se conoce a los practicantes del Shugendō, practican una vida ascética en las montañas.
Su objetivo es conectar con los kami (deidades del sintoísmo).
Su símbolo es habitualmente el cuervo y el ser mitológico con el que se relaciona a estos ascetas es el tengu (天狗).
Los tengu son unos seres sobrenaturales («yokai«) que se cree que tienen poderes sobrenaturales por su naturaleza de dioses.
Aquí puedes conocer todos los detalles sobre los tengu:
A comienzos del siglo XVII, durante el periodo Edo, durante el Shogunato Tokugawa, se aprobó una ley que obligaba a los templos shugendō a convertirse en templos Shingon o Tendai.
Así ha llegado hasta nuestros días.
El shugendō es practicado principalmente por los seguidores de las sectas budistas Tendai y Shingon.
Aún existen yamabushi, pero sus costumbres han sido actualizadas a la vida moderna.
Aoba Matsuri
La búsqueda de los poderes sobrenaturales
Sus entrenamientos buscan actualizar sus poderes espirituales formándolos mediante duras pruebas y rituales de coraje y devoción conocidas como shugyō (修行).
El primer objetivo de los nuevos yamabushi es perder el miedo a lo desconocido.
allí realizan escalada de montaña sin medidas de seguridad, la meditación bajo cascadas de agua helada o caminar descalzo sobre brasas (ritual Hiwatari, 火渡り) para aprender a ignorar las limitaciones del cuerpo.
Aquí puedes ver un documental grabado por Fritz Schumann en el que se sumerge en la vida de los monjes yamabushi. Realmente interesante:
Sokushinbutsu, las momias budistas vivas de Japón
El término japonés Sokushinbutsu (即身仏), que es como se denomina a esta práctica, se traduce literalmente como «llegar a ser un Buda en vida» o «Buda viviente».
Esta práctica (siniestra a los ojos de los occidentales) procede de los orígenes del budismo Shingon.
El origen: la no-muerte de Kōbō Daishi
Kūkai (空海), el famoso monje, erudito, poeta y artista japonés vivió entre los años 774 y 835 de nuestra era, más conocido tras su muerte como Kōbō Daishi (弘法大師).
Se dice que saldrá de ese estado tras algo más de cinco millones de años para conducir a un número determinado de almas al nirvana.
Varios siglos de intentos fallidos
Durante años se han realizado diversas investigaciones de universidades de prestigio, tanto japonesas como de otros países.
Según parece, a mediados del período Heian, a partir del año 1081, numerosos monjes budistas ascetas de las montañas, especialmente de Yamagata y Niigata, pertenecientes a la secta Shingon, decidieron emular a Kōbō Daishi.
Para ello llevaron a cabo una práctica de automomificación en vida llamada Sokushinbutsu, basada en un casi absoluto ayuno voluntario y la meditación profunda.
Estos monjes, practicantes del Shugendō, se momificaban a sí mismos en vida porque creían que su no-muerte era un acto de salvación para toda la humanidad.
Así era su pasión por la pureza, la trascendencia y la vida después de la muerte.
Automomificación o sokushinbutsu Chukai Shōnin del templo Kaikoji (Sakata, Yamagata)
Entre los años 1081 y 1903 se sabe que al menos 16 monjes en Japón consiguieron momificarse a sí mismos.
Tal vez ese número fue superior pero no se han encontrado restos aún.
El origen
El primer intento de automomificación en vida (Sokushinbutsu) del que se tiene constancia escrita tuvo lugar en el año 1081.
En ese año, un hombre llamado Shōjin, intentando emular a Kōbō Daishi, quiso llegar al estado de nyūjō enterrándose vivo.
Pero su intento no tuvo éxito ya que, cuando los discípulos de Shōjin fueron a recuperar su cuerpo, ya había comenzado a descomponerse.
Tuvieron que transcurrir casi dos siglos en los que se produjeron más de cien intentos similares, mejorando poco a poco la técnica de la automomificación.
Y es que el clima japonés no es el más adecuado para completar con éxito este proceso.
A diferencia de otros lugares como Egipto o Perú (donde se encuentran las famosas momias paracas), el clima de Japón es húmedo y los veranos calurosos.
El proceso de momificación en vida
Vamos a ver ahora los detalles del proceso de auto-momificación o momificación en vida.
La manera en la que algunos monjes conseguían convertirse en momias a través del ayuno en Japón es realmente fascinante.
La práctica de automomificación en vida se practicó en varios monasterios esotéricos budistas y taoistas de algunos países como Mongolia o Tailandia pero tuvo especial arraigo en Japón desde el siglo XV.
¿Cómo se preparaban los monjes sokushinbutsu?
Los relatos tradicionales describen un largo periodo de austeridad, meditación y restricciones alimentarias.
Esta disciplina, relacionada con prácticas ascéticas del Shugendō y con corrientes del budismo esotérico japonés, buscaba transformar la relación del monje con su cuerpo y alcanzar un estado espiritual considerado extraordinario.
La tradición cuenta que algunos ascetas restringían progresivamente su alimentación y se retiraban después a un lugar de meditación hasta morir.
Según esas narraciones, sus discípulos comprobaban posteriormente el estado del cuerpo y, si se había conservado, lo veneraban como un sokushinbutsu.
Sin embargo, no conviene interpretar todos esos relatos como una descripción histórica demostrada.
Los detalles del procedimiento varían según las fuentes y buena parte de la información procede de tradiciones religiosas transmitidas durante generaciones.
La investigación científica también ha cuestionado que la conservación de los cuerpos se produjera siempre de forma natural durante un enterramiento.
Por eso, más que un método uniforme de automomificación, el fenómeno debe entenderse como una práctica ascética y religiosa cuya historia combina testimonios, creencias y preguntas todavía debatidas.
El auto sacrificio
Los monjes ascetas Shingon creían en que su sacrificio podía servir para ayudar a los demás.
El Cielo Tushita
La creencia Shingon afirma que el sufrimiento que vivían los monjes en proceso de automomificación sokushibutsu antes de la muerte les permitía ir al Cielo Tushita, uno de los cielos del budismo.
Pero, puesto que allí se mora en espíritu, es necesario que el cuerpo físico se mantenga en perfecto estado de conservación. De ahí la importancia de la momificación.
En el Cielo Tushita se disfruta de una vida extremadamente larga (millones de años) y, gracias a su cercanía con el mundo de los vivos, se pueden conceder deseos a los vivos y protegerlos antes de entrar de nuevo en el ciclo de la reencarnación.
Por ese motivo, los casos de automomificación se produjeron en épocas de hambrunas debidas a malas cosechas o cuando la región se vio azotada por alguna epidemia (ver más abajo el caso del monje Testumonkai del templo Churenji).
Por ello llevaban a cabo trabajos para la comunidad, como dar comida a los pobres, cuidar de los ancianos, o tratar a los enfermos.
Pero también creían que sus sacrificios podrían servir a la comunidad a través de medios espirituales. Una creencia que recuerda al chamanismo.
Un ejemplo conocido fue la automutilación del monje Tetsumonkai.
La dieta alimenticia mokujikigyō
Finalmente, tras décadas de intentos fallidos, la leyenda dice que un grupo de monjes budistas de la secta Shingon perfeccionaron una forma de momificarse a través de un riguroso entrenamiento ascético de al menos tres años antes de la muerte.
Dicho entrenamiento consistía en una estricta dieta llamada mokujikigyō (木食行, literalmente «la disciplina de comer árboles«), que ya se practicaba, con algunas pequeñas diferencias, en el shugendō de los monjes yamabushi del norte de Japón.
La dieta mokujikigyō consiste en la limitación de comer, durante mil días, solo aquellos alimentos no animales que pueden encontrarse en las montañas.
Aunque lo habitual suelen ser raíces, brotes germinados y frutos secos, se sabe que en ocasiones se ha llegado a ingerir incluso cortezas de los árboles y espinas de los pinos.
Según el shugendō, el tiempo no dedicado a encontrar comida en las montañas se dedicaba a meditación.
Esta dieta dotaba al yamabushi de mayor fortaleza espiritual, aunque también le permitía quemar la mayor parte de la grasa corporal.
De ese modo reducía enormemente también la masa muscular y se deshidrataba extraordinariamente, pero manteniendo en el cuerpo la flora intestinal.
Poco a poco la piel se pegaba más a los huesos y el cuerpo se convertía en un cadáver viviente.
El objetivo era preparar el cuerpo para evitar su descomposición tras la muerte.
Al menos 1.000 días
Tras finalizar los mil días con esta dieta, los practicantes ya se consideraban preparados espiritualmente para entrar en el estado de meditación nyūjō.
No obstante, la mayoría de los monjes que actualmente se conservan momificados llegaron a permanecer con esta dieta incluso dos mil y hasta tres mil días.
A partir de ese momento dejaban de comer totalmente y solo ingerían una limitada cantidad de agua salinizada durante cien días mientras meditaban sobre la salvación de la humanidad mientras esperaban el momento de la muerte.
La infusión urushi
Se cree que algunos de los monjes que llegaron a automomificarse bebieron no solo agua salinizada sino también una infusión de corteza de un arbusto llamado Toxicodendron verniculum.
Es la misma sustancia utilizada para los famosos lacados japoneses urushi.
La corteza de este arbusto contiene una sustancia venenosa al tacto hasta que se seca, por lo que solo podían usarla los artesanos expertos.
De ser cierto que bebían ese brebaje, la infusión urushi habría acelerado la muerte dejando el cuerpo aún más preparado para evitar la proliferación de bacterias que provocaran su descomposición.
Además, la infusión urushi provocaba vómitos haciendo que el cuerpo se deshidratara.
La utilización de la infusión urushi es una hipótesis recogida en algunas narraciones, no un procedimiento probado
Automomificación en Japón: Shinnyokai Shōnin, momia Sokushinbutsu consagrada en el templo Dainichibo (Foto: akkamui212.blog86.fc2.com)
El agua del manantial sagrado del monte Yudono
Parece ser que los monjes de la prefectura de Yamagata registraron un mayor número de casos de éxito en comparación con los monjes de otras prefecturas.
Sobre todo aquellos que bebieron agua del manantial sagrado del monte Yudono durante el proceso de momificación.
Algunas fuentes dicen que el agua de ese manantial presenta niveles de concentración de arsénico casi mortales.
El arsénico es un potente veneno que permanece en el cuerpo tras la muerte y que impide la proliferación de bacterias necrófagas, al igual que la infusión urushi.
Esperando a que la campanilla deje de sonar
El momento más siniestro del proceso comenzaba cuando el monje en proceso de momificación en vida sentía que la muerte se acercaba.
En ese momento avisaba a otros monjes, que le colocaban en posición de loto dentro de una caja de pino.
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En ella situaban una caña de bambú que atravesaba la tapa para que el monje pudiera respirar.
Después enterraban vivo al monje situando dicha caja a tres metros de profundidad, en una cámara de piedra construida bajo tierra y que rellenaban con carbón.
Supuestamente el monje dedicaba sus últimas hora o días a meditar y entonar sutras mientras tocaba regularmente una campanilla para indicar que aún seguía vivo.
Cuando el resto de monjes dejaban de escuchar la campanilla preguntaban al devoto si aún seguía vivo.
Si no escuchaban respuesta, abrían la tumba para confirmar su muerte.
Inmediatamente retiraban la caña de bambú y volvían a enterrarlo sellando la tumba.
Tras otros mil días, volvía a desenterrarse el cuerpo para comprobar que no presentara síntomas de putrefacción.
Si el cuerpo se encontraba en perfecto estado, se le declaraba verdadero Sokushinbutsu y se consagraba en un lugar del templo para ser adorado como un Buda viviente.
En el caso de que estuviera pudriéndose, se celebraba un ritual especial en homenaje al monje por sus extraordinarios esfuerzos y se le enterraba finalmente.
Durante siglos las religiones budista y sintoista (la religión originaria de Japón) convivieron y se mezclaron en lo que se conoce como sincretismo religioso.
La práctica del sokushinbutsu se vio afectada por los profundos cambios religiosos de la era Meiji (1868-1912).
Tras la Restauración Meiji, el nuevo Gobierno impulsó la separación entre el sintoísmo y el budismo mediante una política conocida como shinbutsu bunri.
Aunque su objetivo formal era distinguir ambas tradiciones, estas medidas contribuyeron a desencadenar una ola de persecución antibudista, conocida como haibutsu kishaku, durante la cual se destruyeron templos e imágenes y numerosos religiosos perdieron sus funciones.
El impacto fue especialmente importante para el Shugendō, una tradición ascética vinculada a las montañas que combinaba elementos budistas y sintoístas.
En 1872, el Gobierno prohibió el Shugendō como organización religiosa independiente y obligó a sus practicantes a integrarse en otras instituciones o abandonar la vida religiosa.
Estas medidas pusieron bajo presión el entorno espiritual en el que se desarrollaban muchas prácticas ascéticas relacionadas con los sokushinbutsu.
No obstante, es más preciso hablar de la persecución y reorganización de las tradiciones religiosas que afirmar que existió una prohibición específica de la automomificación sin pruebas documentales concluyentes.
Un caso curioso
Hay una leyenda que afirma que el famoso monje tuerto Tetsuryūkai (consagrado en el templo Nangakuji) decidió seguir adelante, de manera ilegal, con su proceso de automomificación en 1878, pues había estado preparándose durante años cuando se aprobó la ley.
Según cuenta dicha leyenda, consiguió llegar a Sokushinbutsu después de prohibirse, por lo que sus seguidores decidieron modificar el registro de fallecimiento señalando que había muerto en 1862, antes de la prohibición.
Sin embargo, parece ser que realmente no llegó a Sokushibutsu, como luego explicaré.
Los últimos casos de sokushinbutsu
Tras ser prohibida la práctica Sokushinbutusu , muchos de los monjes que se encontraban en pleno proceso lo abandonaron, muriendo por causas naturales.
Actualmente hay estatuas en varios templos de Japón con las que se les honra.
La práctica se abandonó y quedó prohibida en el contexto de la modernización de Japón. Las fechas atribuidas a los últimos casos y la identificación de algunos restos no están completamente libres de controversia.
Se dice que la última persona que se convirtió en Sokushinbutsu fue un monje llamado Bukkai.
Llegó a ese estado de manera ilegal, pues murió en 1903, más de treinta años después de que se prohibiera.
Aunque llegó al estado nyūjō en Yamagata, sus restos descansan actualmente en el templo Kannonji (観音寺, ver mapa), en la vecina prefectura de Niigata.
Foto: Jakub Hałun/CC BY-SA 4.0
Al final de este artículo puedes ver un vídeo documental sobre la extraña práctica del Sokushinbutsu.
Dato curioso: Sokushinbutsu en el anime
Se hace referencia a la figura de los Budas vivientes de Japón en la serie de anime Inuyasha, donde aparece Hakushin (白心), un Sokushinbutsu situado en el monte Hakurei (白霊山).
Foto: Fandom.com
¿En qué templos pueden verse los sokushinbutsu en Japón?
Varios templos japoneses conservan cuerpos venerados como sokushinbutsu, especialmente en la prefectura de Yamagata y otras zonas del norte del país (región de Tōhoku). Allí siguen siendo objetos de devoción religiosa, no simples piezas de museo.
Las condiciones de visita dependen de cada templo: algunos permiten contemplar los restos en determinadas circunstancias, mientras que otros tienen restricciones o ceremonias específicas.
Si quieres conocer alguno durante tu viaje, consulta nuestra guía de templos de Japón que conservan sokushinbutsu, donde reunimos muchos lugares relacionados con esta tradición y la información práctica para visitarlos
Automomificación en Japón: Shinnyokai Shōnin, momia Sokushinbutsu consagrada en el templo Dainichibo (Foto: akkamui212.blog86.fc2.com)
Documental en video sobre el sokushinbutsu
Aquí puedes ver un interesante vídeo sobre esta práctica religiosa:
Bibliografía sobre Sokushinbutsu
Lo cierto es que apenas existe bibliografía en español sobre el tema de las momias Sokushinbutsu (o no la conocemos).
Hay mucha información en Wikipedia y también aquí:
Jeremiah, Ken. Living Buddhas: The Self-Mummified Monks of Yamagata, Japan. McFarland, 2010. Un estudio detallado sobre la automomificación en la región de Yamagata, basado en fuentes históricas y visitas de campo.
«Los monjes que se automomificaron en vida«. Este artículo de Historia National Geographic explora el proceso de automomificación y su relevancia dentro del budismo japonés, proporcionando detalles históricos y culturales.
Hori, Ichiro. «Self-Mummified Buddhas in Japan: An Aspect of the Shugen-Dô (‘Mountain Asceticism’) Sect.» History of Religions, vol. 1, no. 2, 1962, pp. 222-242. Un artículo clásico sobre la relación entre el Sokushinbutsu y la tradición ascética Shugendō.
Covell, Stephen G. «Flesh Suits and Regalia: The Lives and Afterlives of Buddhist Relics.» Japanese Journal of Religious Studies, vol. 27, no. 3/4, 2000, pp. 291-334. Analiza la veneración de reliquias en Japón, incluyendo a los monjes automomificados.
También existen estos libros que actualmente están a la venta:
¿Conoces algún otro buen libro sobre este tema tan interesante?
Viaje por el Japón oscuro y misterioso
Las montañas de la prefectura de Yamagata son consideradas sagradas por los budistas de esta región del país y el Japón oculto por el resto de japoneses.
Una ruta de peregrinación mística que atraviesa algunos de los lugares más impresionantes de Japón.
Lugares como el Monte Hagurosan, que representa precisamente el nacimiento en la fe del sistema de creencias religiosas conocido como shugendō, del que luego hablaré.
Estos sitios sagrados se encuentran en lugares boscosos y algo apartados, con escasa población y donde lo único que te encuentras es algún que otro templo budista semi escondido.
En nuestro viaje para conocer más sobre las Sokushinbutsu diseñamos una ruta que va más allá del turismo convencional y que atravesaba lugares muy escondidos de la prefectura de Yamagata.
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